Hijos de la mala vida
“En una barra de por aquí celebramos la unión legal La Tongolele y yo. Ella fue mi ancla, en el buen sentido. A partir de ella empecé a envejecer. Me puse a leer y a pintar. Vivíamos por la Halsted y la Dieciséis, en una callecita que daba a La Garra”. Otro cuento bonito. Este es de Raúl Dorantes, que fue publicado en la más reciente edición de Contratiempo. http://tinyurl.com/y9nvg9e
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Esta entrada fue publicada el marzo 29, 2010 a las 9:59 pm y archivada bajo barrios, literario con etiquetas chicago, marcos raya, pilsen, raul dorantes. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través del feed RSS 2.0 Puedes dejar una respuesta, o trackback desde tu propio sitio.